La muerte de César Mascetti: el Gaucho planificó su despedida perfecta y volvió a dar una clase de periodismo

6 octubre, 2022

César sabía que para muchos de nosotros iba a ser difícil y nos dejó todo hecho. Junto a amigos y familiares, este miércoles fue el último adiós al reconocido periodista. Se hizo en el cementerio de San Pedro, su lugar en el mundo.

San Pedro está renaciendo, una vez más, en primavera. Los árboles están llenos de hojas y hay olor a perfume frutal. El cielo no tiene ni una nube y solo una brisa fresca golpea la cara. El río está manso y los pescadores, en sus canoas, levantan el fruto del trabajo diario.

Todo parece ideal, pero hoy San Pedro tiene tristeza y recuerdo. Hoy partió un vecino ejemplar, un referente, uno de los “famosos” que llegó a lo más alto, pero que nunca olvidó sus orígenes.

Hoy se fue el gaucho César Mascetti, pero se fue en donde él quería, en su lugar en el mundo, mirando el campo, mirando el río, mirando volar a sus palomas y abrazado al amor de su vida.

Para mí fue un orgullo que las autoridades del canal me eligieran para contar su despedida. Un orgullo y un desafío: ¿Cómo se hace una crónica de uno de tus grandes maestros? ¿Cómo se supera el dolor del adiós y se intenta hacer periodismo cuando se va alguien a quien tanto quisiste y te enseñó a amar esta profesión? ¿Cómo narrar una crónica de la partida de un ícono del periodismo cuando ves a su esposa, a la que también adoras, y que junto a él formaron la pareja de conductores más importante de la historia de la televisión?

Todas esas preguntas y muchas más me hice durante la noche previa. Apenas pude dormir. Pero al llegar al cementerio, me di cuenta de que el gran maestro ya había pensado en todo. Sí, César sabía que para muchos de nosotros iba a ser difícil y nos dejó todo hecho. Nos volvió a enseñar a hacer periodismo.

Días previos a su partida, mandó a sus caseros pintar y acondicionar la bóveda familiar. Escribió una carta de despedida, corta y maravillosa, donde solo están las palabras precisas que describen a un hombre que vivió en paz y se va en paz.

Le pidió a su hija del corazón que leyera esa carta y que cantara una bella canción. Y a otros amigos les pidió que llevaran a sus amadas palomas y que las hicieran volar como tantas otras veces, pero para que, esta vez, lo ayudaran a volar más alto.

El gran gaucho planificó su despedida perfecta y así fue.

Cuando Mónica llegó al cementerio, me acerqué a saludarla y ella me preguntó: ¿Cómo estás? Yo solo le respondí al oído mientras la abrazaba: “Lo lamento tanto y te quiero tanto”. Y me miró con ternura, como siempre. Ella estaba preocupada por cómo estaba yo mientras despedía al amor de su vida y compañero por más de 40 años. La madre del periodismo, única e irrepetible.

Me acarició la mejilla. Fue ella la que tuvo ese gesto, después de agradecer tanto cariño de tanta gente. Solo atiné a decirle “déjanos agradecerte a vos”.

Los recuerdos de todos esos años en losque tuve el privilegio de trabajar al lado de “la pareja televisión” fueron apareciendo en mi cabeza como un torrente. Tantas notas, tantas coberturas, tantos consejos, tanto cariño. Gracias, gaucho, por volverme a enseñar una vez más. Volá alto junto a tus palomas y descansá tranquilo, que tu impronta es imborrable.

Gracias, Mónica, por seguir siendo nuestra mamá de la profesión.