
En dos meses, la historia de la corrupción argentina se partirá en dos.
El 6 de noviembre próximo, el Tribunal Federal N°7 comenzaráel largo proceso de juzgar la causa de los ocho cuadernosde las presuntas coimas, escritos por el chofer Oscar Centeno, revelados a fines de julio de 2018. No hay un hecho que se compare en los años de la Argentina. Rara vez la perversión de la política y la perversión del capital se mezclaron de esta manera. O, por lo menos, nunca fue registrada con tanto detalle.
Cristina Kirchner, hoy presa en su casa de Constitución, condenada en la causa Vialidad, es la principal imputada, junto con Julio De Vido, su ministro de Planificación y su número dos, Roberto Baratta, subsecretario de Coordinación y Control de Gestión, a quien Centeno llevaba y traía en su Toyota Corolla, para trasladar la plata de los supuestos sobornos de los grandes empresarios, deseosos de engrasar a su favor las ruedas de la obra pública.
Hay otros 71 imputados, que se enfrentarán a los jueces Fernando Canero, Enrique Méndez Signori y Germán Castelli. Fabiana León será la fiscal acusadora. Declararán, en principio, 626 testigos. La Unidad de Información Financiera, hoy encabezada por el fiscal federal Paul Starc, estará entre los querellantes.
El juicio, por otra parte, sin duda resonará con el presente. El proceso -que comenzará después de las elecciones de octubre – se mezclará con el clima político, de cara a la investigación por las supuestas coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad de la era Milei, que se desarrolla a dos pisos de distancia del Tribunal N°7 en Comodoro Py. Lo que pueda ocurrir, de cara a un mapa político totalmente volátil, es, en el fondo, impredecible.
El juicio se hará por zoom. No existe una sala judicial en la Argentina lo suficientemente grande como para contenerlo. Haría falta el Luna Park. Los tiempos del juicio son otro capítulo.
Se había planeado una audiencia por semana, todos los jueves hábiles. En un fallo firmado el mes pasado, la Sala I de la Cámara Federal de Casación recomendó al Tribunal, con buen tino, “que no sería ocioso” que “revise el criterio adoptado tomando en cuenta una más pronta finalización del juicio”, una forma elegante de decir que apure los tiempos. Con una audiencia por semana, podría durar cerca de tres años, de acuerdo a fuentes del caso. La nueva agenda aún queda por verse: las partes fueron citadas a una audiencia el 24 de septiembre para intentar reducir la lista de testigos a un mínimo indispensable.
Los ocho cuadernos con sus 477 páginas, escritos por Centeno luego de llevar y traer a Baratta en su Toyota Corolla, son bitácoras constantes de kilometrajes, paradas y paquetes transportados en el Toyota Corolla con el número dos de De Vido en el asiento de pasajero. Centeno copió movimientos de “bolsos”, “paquetes con dinero”; fue meticuloso al anotar lo que veía y oía, nombres y lugares y piezas del poder político y corporativo de la República Argentina que se reunían con su jefe, nombres de un significado y un poder notable. Habló de encuentros privados en hoteles céntricos, en oficinas o estacionamientos de empresas y en la Quinta de Olivos.